¿QUÉ PASA CON LA TORRE DEL INFANTADO?

Son muchos los vecinos de Potes, lebaniegos en general y visitantes que se preguntan qué está pasando desde hace dos años con la Torre del Infantado, sin duda el edificio más representativo de la Villa. En el último pleno extraordinario los concejales socialistas tuvimos la primera noticia oficial: después de dos años de obras para rehabilitarla como Casa Consistorial, ahora resulta que cambia el rumbo para convertirse, en fecha indeterminada, en una macro-sala de exposiciones coronada por un mirador turístico. El Grupo Municipal Socialista desconoce si esta nueva ocurrencia en materia de obras será iniciativa del equipo de gobierno municipal o del Consejero de Cultura, por cuya boca nos enteramos hace unas semanas de que la Estación de Autobuses que se construye en el Ferial de La Serna se convertirá finalmente en Oficina de Turismo. En cualquier caso, se trata de un ejemplo más de la improvisación y de los bandazos propios de la absoluta desorientación de los regidores del Ayuntamiento de Potes.


El Ayuntamiento de Potes, en sesión plenaria celebrada el día cuatro de marzo, aprobó el Proyecto de la Segunda Fase de la Rehabilitación de la Torre del Infantado, con un presupuesto de contrata de 321.475,83 ¤ (53.489.077 pta.), con los votos favorables de los concejales del PP y del concejal de la UPCA José Antonio Gutiérrez, y la oposición del Grupo Municipal Socialista. Este presupuesto de contrata, junto a los teóricos 31.305.383 pesetas de la primera fase, suman un total de 510.814,98 ¤ (84.794.460 pesetas) para la contrata de las obras hasta el momento, lo que implica que restan otros 318.822,12 ¤ (53.245.540 pesetas) para terminar la supuesta rehabilitación, inicialmente presupuestada en 138.040.000 pesetas (829.637,10 ¤). Teniendo en cuenta que la segunda fase ahora aprobada sólo contempla la ejecución de la nueva estructura interior del edificio, resulta a todas luces el presupuesto inicialmente previsto, pues con los 829.637,10 ¤ restantes difícilmente se podrá terminar la rehabilitación de nueva planta en curso.

Pero al margen de que, como suele ser habitual, las obras incrementen su coste sobre la previsión inicial, al Grupo Municipal Socialista le parece que encierra mayor transcendencia el hecho de que los dineros públicos se inviertan sin más criterio que el capricho o la ocurrencia del alcalde de turno, sin respetar en absoluto los acuerdos del Pleno, y sin tener tan siquiera la deferencia de comunicar a aquel los cambios antes de proceder a elaborar los proyectos reformados.

Así, en el caso de las obras de la Torre del Infantado, el proyecto inicialmente aprobado por el Pleno estaba destinado, principalmente, a seguir siendo la Casa Consistorial de la Villa, puesto que, de momento, que sepamos, el Ayuntamiento no cuenta con otra sede. Que dos años después de iniciadas las obras, sin otra explicación ni justificación, se presente al Pleno una segunda fase de la rehabilitación que es en realidad en proyecto nuevo para una nueva obra, que ya no está destinada a Casa Consistorial, sino a tres plantas de salas de exposiciones y un mirador turístico, no nos parece de recibo, sobre todo considerando que nadie nos ha dicho oficialmente dónde proyectan albergar las dependencias municipales.

Mención aparte merece el hecho de que la Torre del Infantado de Potes, sin duda, el monumento más representativo de la villa lebaniega, viene sufriendo desde hace más de dos años obras manifiestamente contrarias al ordenamiento jurídico, promovidas por el Ayuntamiento de Potes y financiadas, en su mayor parte, por la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte. En concreto la intervención en curso no respeta el Plan Especial de Protección vigente en el Conjunto Histórico de Potes, aprobado por las administraciones local y autonómica que intervienen en las obras, y por lo tanto contraviene lo dispuesto en la Ley de Cantabria 11/1998, de 13 de octubre, de Patrimonio Cultural de Cantabria.

Hasta ahora dichas obras han consistido en el vaciado interior del edificio y en la excavación de una nueva planta bajo la planta inferior del monumento histórico, como paso previo a la construcción de un edificio nuevo en su interior con acceso desde la calle que bordea el zócalo sobre el que se levanta la torre.

Esas operaciones de demolición y nueva construcción tienen por objeto mejorar la accesibilidad del edificio, eliminando barreras arquitectónicas, y hacer posible la entrada desde la calle hasta un ascensor central que subirá hasta el remate almenado, de modo que la torre pueda funcionar como un gran mirador turístico (que, claro está, no tendrá mejores vistas que las laderas circundantes) complementado en las plantas inferiores con salas de exposiciones.

Sin entrar a valorar la oportunidad de semejante trueque, en virtud del cual lo que era un edificio inicialmente defensivo y posteriormente institucional se convertirá en una atracción para turistas, ni la conveniencia de frivolizar de ese modo la historia de un pueblo, resulta evidente que la materialidad de las obras en curso son frontalmente contrarias al régimen de protección establecido por el vigente Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico de Potes, que, como no podía ser menos, prevé para la Torre del Duque del Infantado el máximo nivel de protección, “Protección Integral”, que según lo dispuesto en el artículo 68 de dicho Plan Especial “protege la totalidad de cada edificio en él incluido, preservando por tanto todas sus características arquitectónicas, su forma de ocupación del espacio y los demás rasgos que contribuyen a singularizarlo como elemento integrante del patrimonio edificado”.